mayo 26, 2007

reencuentro a las 6

Posted in Cosas de la vida, Mujeres, Recuerdos, Sexo a 12:16 pm por otrocuento

Ha pasado demasiado tiempo sin evaluar la situación. Demasiada agua bajo en puente, diría el abuelo de mi amigo. Agua, agua, ¿agua cortada?. No… ¿¡NO!? ¿he dicho no? Así es, no hay agüita cortada.

Al principio dije que no sería promiscuo y que empezaría una nueva vida, todo eso iba bien hasta hace 3 semanas atrás… si es que no recuerdo mal.

Una visita en día feriado a una amiga -una ex- puede resultar en distintas cosas. Una de ellas es que su familia te vea, te haga pasar a la casa, te haga recordar viejos tiempos cuando estabas con su niñita, te pregunten en que estás, con quien sales ahora que no estás con su hija, quien te acompaña a esos eventos anuales en que sueles participar, y un largo etcétera. Esta vez no fue así; no la fui a buscar a su casa.

Sin embargo, y como suelo hacer cuando quiero “quedar bien”, la sorprendí a la salida de “un lugar”. No, no soy un sicópata sexual, ni tengo ese tipo de desviaciones o inclinaciones, en realidad las inclinaciones no me llaman mucho la atención. En realidad no me llaman la atención para nada; al menos las mías. Bien, sigamos con el tema. La sorprendí, llamándola a su móvil justo antes (unos 5 minutos) de que saliera de aquel lugar. Y, por cierto, que llegó con esa cara que muchos casados quisieran ver en sus esposas cuando llegan de la oficina. Después de un happy hour. Un rostro lleno de sorpresa, de alegría, de femeneidad feminidad, de dulzura, en fin: un rostro hermoso de mujer.

La idea era conversar un rato, saber como iba su vida, que tal el trabajo, la familia, su corazón, y todas esas preguntas insípidas que haces para ver si puedes tener sexo pasar un grato momento con ella. La conversación fluyó hasta el punto en que mi visitada amiga dijo las palabras mágicas.

¿y qué te gustaría hacer ahora?

En realidad el día estaba muy bueno para salir a pasear, arrancarse a la precordillera, caminar conversando bajo la sombra de algunos árboles, sentarse a la sombra de alguno o simplemente disfrutar de las caricias del viento en tu cara y cuerpo. Sin embargo, y como había sido mi pareja, pude leer la intención de esa pregunta en su rostro.

Ella en ese momento ya sabía que yo estaba saliendo con una amiga. Como amigos por supuesto. También yo sabía que ella no me creía que éramos solo amigos. Sin embargo la invitación o más bien la pregunta, seguía en pie. Así que, sin la gracia ni las fuerzas de Siddharta para rechazar a tan bella damisela, caí en la tentación y me sumergí en un mar de dulces manjares que emanaban de su cuerpo.

La sesión de sexo estuvo más que buena. Se notaba que los cuerpos se extrañaban, que se deseaban y que nuestras mentes no se iban a negar a complacer la carne. Sí, fue sexo, no había amor en ese instante, solo había pasión, lujuría, deseos irrefrenables de volver a sentirse el uno al otro y por supuesto una carga erótica indescriptible

En este punto es donde hay que aclarar que, no porque estuviera en una actitud de abstinencia, no iba a andar con preservativos en el auto. No falta el amigo que anda en el carrete, le “salta la liebre” y no anda preparado; así que ahí entra en acción el amigo prevenido y le quita la niña al otro por gil regala sus preservativos al amigo. Además ni siquiera los había comprado, sino que me habían sobrado de la última vez, que compré el pack de 12 y ocupé la mitad, creo. Después de esta pausa patrocinada por el ministerio de salud, continuamos con nuestra historia.

La ducha, el baño, el jacuzzi, los sitiales, la cama, el piso; en ese momento todos eran lugares válidos para hacer la danza de los cuerpos y fundirse con el calor que emanaba de ellos. El placer del reencuentro es muy distinto a los demás. Tiene muchos matices que antes la intimidad no tenía. Ambos tienen nuevas técnicas, nuevas costumbres y nuevos placeres que han descubierto en otros cuerpos y que ahora practican con el beneplácito del otro, sin temor a esas pendejas preguntas como “¿y dónde aprendiste eso?”, “¿quién te enseño a hacerlo así?”. No, esta vez no hay tiempo para preguntas cuyas respuestas prefieres no oir, pero que preguntas (sobre todo si eres mujer) para luego martirizarte y sufrir… por lo que te has perdido(seas hombre o mujer).

No era necesario preguntar nada, los rostros exhaustos, las sonrisas incontenibles y el brillo de los rostros, eran el mejor testimonio del significado de ese reencuentro. En esa tarde, aquella habitación había sido testigo del comienzo de una relación de escape, de una relación prohibida entre dos cuerpos que tenían una pasión contenida y que habían liberado en sendas tandas de sexo.

…en algún tiempo cuando fuimos pareja, hubo mucho cariño, mucho, mucho, mucho en realidad, pero esta vez había sido sexo, carnal, puro y exquisito sexo.

otrocuento